2/02/2011

Can´t get no satisfation (The guacamole song)

“Bob Dylan pudo haber sido capaz de escribir “Can´t get no satisfation” . Pero ¿La podría cantar?” se preguntaba escéptico Mick Jagger hace unos cuantos años. Y nosotros ¿estamos preparados para oírla? La respuesta no solo depende de nuestro gusto sino del contexto.

El otro día cumpliendo con mis funciones de esposo y padre, estaba escogiendo un aguacate en un supermercado al lado de una señora de no menos de 80 años que hacía lo mismo mientras en el fondo sonaba “Can´t get no satisfation” de los Stones. De ver a Jagger en video, con seguridad la señora se hubiera escandalizado. Lo que si le ví fue cierta molestia de verme acompañar al vocal de los Stones mientras palpaba la madurez precisa para un guacamole.

No es lo mismo “Satisfaction” en un supermercado, que en un bar de clásicos de rock, en un restaurante de domingo, en un re-encuentro de amigos rockeros del colegio, o que en el mismo concierto de los Stones. Las canciones al igual que todo tipo de contenidos funcionan y adquieren significados diferentes de acuerdo con el contexto donde se encuentren.

Ya me había referido sobre cómo la música mal puesta arruina las experiencias de marca. Recientemente tuve dos experiencias con contenidos, una positiva y otra negativa, que quisiera compartir.

La positiva:

Fui a conocer un restaurante en El Rodadero al lado de Santa Marta (Colombia) llamado Burukuka. El restaurante está ubicado en la parte alta de una colina donde termina El Rodadero, de tal manera que la vista nocturna de la playa y los edificios es absolutamente maravillosa. La brisa, un trago, una buena compañía, la comida y por supuesto la música adecuada construyen ese ambiente perfecto.

El restaurante se convierte en discoteca a partir de las 11PM. Pero antes, el DJ puso una serie de canciones donde combinaba bossa nova de los 60, chill out, y nuevas versiones en esos géneros de éxitos de los 80. Y no, no hablo del lugar común que se ha convertido Bossa n Stones y otros imitadores, sino de otra serie de artistas que jamás había escuchado y que realmente me encantaron. La mayoría de las personas no ponen atención a la música en un contexto de estos, pero de manera global saben si se sienten a gusto o no.

En conclusión, Burukuka es un magnifico lugar con una vista maravillosa, buena comida y la música adecuada para pasar un rato delicioso.

La negativa:

De regreso a Medellín, me tocó hacer una escala obligada en Bogotá de unas 3 horas. Nos ubicamos en la sala de espera que indicó la aerolínea, donde llega la señal de un servicio de televisión cerrada llamado AirTV Cosmovisión. La espera se convirtió en un martirio, mientras el canal pasaba The Kingdom, una película de terroristas donde la balacera mas corta duró 25 minutos. Aunque no miraba las pantallas, pues trataba de concentrarme en la lectura de un libro electrónico en mi Ipad, el perfecto estéreo del sistema de sonido invasivo nos hacía sentir que balas de todo calibre pasaban en medio de nosotros. Me hizo acordar del divertidísimo clásico cinematográfico de los 80 “¿Y dónde está el Piloto?” , en el que mientras un avión estaba al borde de una tragedia, en el avión mostraban la película Aeropuerto 77, un drama real sobre un verdadero accidente aéreo.

¿Esa es la clase de contenido que queremos ver en un aeropuerto cuando por lo general los viajeros están cansados y en muchas ocasiones desesperados o molestos?

El sistema Air Tv nació como una idea que hacía sentido hace 25 años, hoy lo dudo mucho. De hecho, me tomé la molestia de hacer un pequeño sondeo empírico en la sala de espera. De 80 personas en la sala, solo 4 miraban con cierta atención la cinta. Es decir, un alcance del 5%. Las otras personas, estaban o dormidas, o “elevadas” o leyendo libros o revistas, o metidos en sus dispositivos digitales. Sin duda, The Kingdom fue un contenido totalmente impertinente para el momento.

Los contenidos o los mensajes no solo son buenos o malos por si mismos. Dependiendo del contexto donde se presenten, pueden inspirar, vender, convocar o también pueden pasar desapercibidos, estresar o hacer que odiemos una marca.

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